Por Carlos Valeiro
Sabido es que para un mismo acontecimiento habrá tantas interpretaciones como personas. Esta es una situación que nos sorprende todos los días, sobre todo cuando debemos ponernos de acuerdo con nuestros Jefes, nuestros hijos o nuestras parejas, acerca de circunstancias en las que solemos manifestar distintas ópticas y opiniones.
La psicología nos enseña que desde muy temprano quedamos compulsados a realizar una interpretación del mundo que nos rodea y a tomar una posición existencial. En función de nuestro entorno y sus exigencias, respondemos a dicha problemática con una determinada actitud y, de esa forma, nos trasformamos en protectores o protegidos, en melancólicos o alegres, en activos o pasivos; entre otras tantas definiciones que adoptamos.
El problema consiste en que aquella vieja decisión que tomamos a muy temprana edad, para adaptarnos a nuestro contexto familiar, determina también una visión del mundo, pero que no responde a la realidad objetiva, sino que se enlaza al concepto que tenemos de él. Lo impactante de todo esto es que, mayormente, tendemos a hacer un recorte de la realidad que avale nuestra concepción y nuestro prejuicio. De esta forma si nosotros pensamos que las mujeres no son confiables, elegiremos mujeres que actúen de un modo no confiable a nuestro alrededor que convaliden esa idea; si creemos que los hombres son fríos, elegiremos personas de sexo masculino que actúen insensiblemente. Pero ese no es el mundo, esa no es la realidad, que siempre es sustantivamente más amplia, sino solo una porción de la misma.
Desde el punto de vista espiritual, existe una concepción complementaria a la anterior, según la cual, de acuerdo a que pensamos con recurrencia y emoción, será el tenor de lo que atraigamos a nuestra vida.
Para ilustrar esta concepción, me gustaría compartir con ustedes una tradicional historia del pueblo SUFI, que resumidamente dice así:
“Eran tiempos difíciles. Ya habían transcurrido muchos años de guerras, desavenencias y peleas entre los pueblos de la región. También había hecho su irrupción el hambre y la falta de un trabajo digno, y esto hacía que muchas personas jóvenes vagaran en busca de un mejor destino.
Se hallaba un viejo sentado en la entrada de un pueblo y un extranjero se acercó para preguntarle:
- Dime anciano ¿como son las personas de esta aldea?
- El viejo levantó la vista, y antes de contestarle le repreguntó ¿Cómo eran las personas del pueblo de donde vienes?
- El joven, sin dudar un instante, le dijo: Los habitantes de mi pueblo son perversos, malvados y siniestros.
- Finalmente el anciano afirmó: Así también es la gente aquí.
Pasado un tiempo, se presento otro extranjero que deambulaba por la comarca y volvió a encontrar al mismo anciano, a quien también le pregunto:
- ¿Usted me podría decir como son las personas de esta aldea?
- El viejo levantó la vista, y antes de contestarle le repreguntó ¿Cómo eran las personas del pueblo de donde vienes?
- El joven, muy seguro, le dijo: Los habitantes de mi pueblo son buenas personas, afables y solidarios.
- Finalmente el anciano afirmó: Así también es la gente aquí.
Una vez que se retiró el joven, otra persona que había presenciado ambas escenas, no resistió la tentación de acercarse al anciano para preguntarle:
- ¿Cómo puedes responder una misma pregunta con argumentos tan contrapuestos?
- No hay contradicción, sino una lógica muy simple. Las personas definen sus opiniones respecto del mundo de acuerdo a su propia realidad interna. Por lo tanto, allí donde vayan, verán lo que siempre han visto, y pensarán lo que siempre han pensado. Es una simple proyección que transportarán a donde se dirijan, en tanto son prisioneros de sus propios pensamientos.”
La realidad es mucho amplia, rica e inabarcable, que el esquema que se deriva de la simplificación que realizan la mayoría de los seres humanos, es por ello que, resulta conveniente mantener la mente abierta y no reaccionar con nuestras viejas ideas, frente a la realidad que nos toca vivir.
Abandonemos la comodidad del prejuicio y ganemos la libertad del amor.


cuánta sabiduria hay en esta reflexión.Cuanta verdad con respecto a las viejas ideas aquellas que incorporamos desde el principio de nuestra vida y que proyectamos de manera inconciente a nuestro entorno.Es como una mochila que nos acompaña y nos cuesta abandonar. Gracias por demostrarnos de manera simple, logica y sensible que podemos alejarnos de los viejos pensamientos,para cambiar nuestro presente desplegando nuestra propia sabiduria.
Gracias María!!
Nos encantó tu comentario. Resulta difícil el diagnóstico y resulta esforzado el cambio, pero vale la pena!!
Un abrazo de luz!!
Alejandra y Carlos