La parábola de la mariposa

Por Carlos Valeiro


No todos tienen el privilegio de contar con una mente esclarecida desde los albores de su vida. De hecho, algunas personas transitan por su vida sin lograr una verdadera consciencia respecto del motivo primario por el cual viven.  Se hallan en un estado de obnubilación o adormecimiento que no les permite elevar su nivel de concientización. Estas almas se están tomando más tiempo para llevar adelante su proceso, y esto es posible porque Espíritu respeta las leyes del libre albedrío, que él mismo promovió y gestiona eternamente.

Por el otro lado, un porcentaje de las almas encarnadas, a medida que transcurren sus existencias, van realizando sucesivas conexiones con conceptos esenciales, logrando trascender la cotidianeidad.

Normalmente, son personas que comenzaron con ciertos interrogantes, que luego eligieron diversos caminos para hallar las respuestas a los mismos y, muchas veces, intentaron lograr algún tipo de satisfacción a través de la articulación de  posibles soluciones.

Saben que son verdaderos navegantes atravesando mares poco explorados y aceptan el desafío. Se dieron cuenta que no hay brújula que pueda ser utilizada, pero tienen claro que la meta es acercarse a la verdad y estar atentos a todas las señales.

Es un viaje que,  en todo caso, tiene reminiscencias de regreso a un origen que intuimos. Percibimos, por lo tanto, que nos están invitando a volver a “casa”.

Hace un poco más de dos décadas, comenzó la elevación del los ratios vibratorios de la Tierra, comenzado un proceso que se denomina ascensión planetaria. Este constituye un estímulo muy poderoso, y una oportunidad para que cada uno de nosotros nos incluyamos  en él.

Todos los profesionales de la Psicología sabemos lo dificultoso que resulta para ser humano abandonar sus hábitos. Son acciones que comenzaron en un momento de sus vidas, que tuvieron algún sentido y luego se transformaron en verdaderos patrones mentales y emocionales y en ejes de su comportamiento y personalidad.

En particular, las personas adultas parecen enraizarse en determinadas costumbres que consideran esenciales para su vida. De hecho, en algunos casos, creen que su vida comienza a carecer de sentido si no pueden continuar viviendo de ese modo. A tal punto que llevan esos rasgos circunstanciales, a la categoría de “nucleares”.

Nuestra vida es mucho más rica, nuestras posibilidades de cambio son múltiples y siempre se encuentran intactas. De hecho, las personas que se ven compelidas a cambiar, y comienzan a gozar del resultado, en ocasiones se preguntan: ¿Por qué no lo hice antes?

En este punto, me gustaría ilustrar el tema con la parábola de la mariposa. Su vida comienza como gusano, desplazándose con dificultades y mucha lentitud, exhibiendo un cuerpo monocromático y estéticamente poco valorado.

Sin embargo, hay un momento en el que ese gusano (y por lo tanto, también podemos entrever una decisión que en un momento mítico tomó la especie, filogenéticamente) realiza un cambio mayúsculo, sorprendente, abrupto, y se transforma en mariposa.

De ese modo, abandona sus pseudo limitaciones y liberando aspectos esenciales de su ser, logrando libertad, vuelo, altura, color y belleza.

El esfuerzo y la decisión de esta criatura nos enseñan el camino. Nosotros también podemos desarrollar un potencial que reconoce pocos límites. Para ello es necesario, tal como la mariposa, soltar nuestra adherencia a lo terrenal, y animarnos a cambiar nuestra perspectiva y nuestro posicionamiento vital y espiritual.

2 respuestas a La parábola de la mariposa

  1. Nelly dijo:

    Gracias por nutrirnos!!!

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