Por Carlos Valeiro
El complejo universo de la comunicación entre las personas, admite una serie de distingos e interpretaciones que tiene que ver con sus diferentes alternativas.
Lo que aparece en un primer plano como evidente es la comunicación verbal. Mucho se ha escrito y dicho respecto de este vasto capítulo, que abarca sus distintas modalidades, la eficiencia, los aspecto formales e informales, las dificultades en el canal , los mensajes y los meta-mensajes.
Todos los días intervenimos de este universo de palabras y discursos, ya sea como receptores o como emisores, y participamos de las conversaciones que se generan y reciclan todo el tiempo.
Sabemos de la importancia de la palabra para el ser humano y, por lo tanto, este tipo de comunicación genera una parte muy importante de nuestra estructuración como personas. No olvidemos que, según la psicología, algunas de esas palabras escuchadas repetitivamente en la infancia definieron muchas de las tendencias de nuestra vida en la actualidad. Por ejemplo: “Sos un irresponsable y no tenés remedio”, “Sabés que tenés mi amor incondicional”, “Sos igual que tu mamá y te van a pasar las mismas cosas”, “Confío mucho en vos y seguramente vas a tener éxito en lo que vos encares”, para mencionar solo algunas, entre una infinita cantidad y variedad de mensajes.
Por otro lado, estamos involucrados en diversos diálogos cotidianos, que tienen como premisa dar a conocer nuestras ideas y nuestros estados de ánimo, transmitir conocimientos y experiencias, como así también, de ponernos de acuerdo respecto de algún tema. La compatibilización de criterios nos conduce a pequeñas y grandes negociaciones en las que la comunicación juega un rol transcendente.
Pero, no solo nos comunicamos a través de la palabra, sino que también utilizamos el canal físico o cenestésico para realizar el intercambio con quienes nos rodean (caricias, palmadas, abrazos, golpes, roces, etc.), como así también, el canal visual, por el cual tenemos un abordaje diferenciador, que puede ser ratificador y rectificador del los enunciados de quien habla.
De cualquier modo, la problemática no abarca solo estas variantes, sino que cada persona se encuentra en un universo energético, de intercambios invisibles e inaudibles, pero que son sumamente importantes.
Todos tenemos una vibración, a través de la cual transmitimos nuestros estados mentales y energéticos. De esta forma, volcamos a los otros nuestra paz interior o nuestras energías discordantes, contribuyendo de este modo con la armonía de los otros o generando disturbios y discordias en el ambiente.
La complejidad del tema no se agota en los temas anteriormente descriptos, que ya de por sí son sumamente vastos y abarcan el estudio de diferentes disciplinas, sino que existe un universo mucho más amplio en el mundo de las comunicaciones y tiene que ver con las características particulares del alma.
Nuestra alma es eterna, infinita, invulnerable, pero además reúne la condición de multidimensional y permanentemente intercomunicada con el Todo.
Quizás este constituye un concepto muy llamativo y difícil de interpretar por la mente humana, pero nuestra alma, al ser multidimensional, está habitando nuestro cuerpo, pero a su vez, también interacciona con otras almas en otros niveles.
Esta interacción, que en este caso no tiene que ver con el leguaje, le proporciona al alma contactos muy profundos y la oportunidad de abrevar en la información y la sabiduría que nos proporciona ese universo.
Estamos permanentemente vinculados con una gran cantidad de Comités Espirituales, que cumplen múltiples funciones y nos guían en determinados temas de nuestra existencia, brindándonos protección, datos, sanación, etc.
En todo este entramado, no podemos dejar de mencionar la comunicación más importante, que es la que tenemos con el Creador. Quizás no podamos dialogar con él de un modo terrenal y su forma de expresión puede resultarnos una tanto misteriosa, pero él siempre nos ve y siempre nos escucha, solo espera una oportunidad para poder manifestarnos su amor incondicional.
Transcribo un pequeño poema que ilustra lo dicho anteriormente, con la visión particular de la autora:
Diálogo con Dios (de Marilina Rebora)
Ya no sé qué decirte, Señor: lo he dicho todo;
mis lamentos se apagan en el labio callado,
no doy con la manera, ni acierto con el modo
de dirigirme a Ti como en tiempo pasado.
No puedo ni rezar, las palabras no encuentro
de aquellas viejas preces de los años de infancia;
me ahoga como un algo que se enraíza adentro
y me torna impotente para expresar mi ansia.
Mas se opera el prodigio: sin rezo ni plegaria
me dirijo al Señor lo más sencillamente.
Le cuento que estoy triste, que estoy sola Le digo,
que no tengo en la vida la fuerza necesaria
y Le oigo a mi lado contestar dulcemente:
Con sólo el corazón se conversa Conmigo!
